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En este sentido, y con el aval de comprobaciones clínicas, es que insisto en la efectividad del enfoque psicosomático para el tratamiento de la fibromialgia.
Me parece de utilidad señalar algunos temas generales sobre los que hemos profundizado para alcanzar la mejoría o quizás debería decir la cura de este padecimiento.
Un conflicto básico lo he denominado:”el Otro o yo”, es decir, cada situación por cotidiana que sea, hace surgir el sentimiento de que “hay que elegir” entre: satisfacer a otra persona a costa de un deseo propio, lo cual hace surgir una rabia que NO se manifiesta y muchas veces ni siquiera se hace conciente, o la satisfacción de lo que consideran un deseo “egoísta” a costa del Otro, lo que hace surgir una culpa intolerable.
Esto mismo puede pensarse como un vaivén permanente entre sentimientos de RABIA o de CULPA.
Cuando puede empezar a pensarse en la sustitución de la “o”por una “y” (el otro y yo), es decir, lograr una transacción posible tal que se logre una cierta armonía con el mundo, cuando pueden empezar a reducirse los costos que cada situación de la vida provocan, tiene lugar, sin duda el alivio de dichos sentimientos y los efectos consecuentes.
La tendencia a sentirse en el lugar de “la víctima” (desde luego considerando a otros como “victimarios”) es una idea recurrente. Lo que suelo decir es :“su vida transcurre dentro de un juzgado en el cual los lugares son limitados, culpable, juez, víctima, defensor, etc., de modo que es fundamental trabajar sobre el modo de “mirar”y “pensar las cosas”, tratando de lograr que el sentimiento de estar viviendo en un juicio permanente se vaya haciendo cada vez más conciente.
En relación a esto, en todos los pacientes podemos encontrar una instancia que juzga duramente y en forma permanente todos los actos, pensamientos, sentimientos, juicio que se dirige hacia la propia persona y hacia los demás.
La necesidad de pensarse y mostrarse como “buenos”, en tanto el modelo del cual se parte es que se es bueno o malo, de pensarse y mostrarse como “generosos y sacrificados”, (si no fuera así serían “malos y egoístas”), lleva a una perturbación del manejo de la agresividad de tal modo que hasta podríamos definir al enfermo de FIBROMIALGIA como “alguien que vive dentro de una cámara de tortura”, con lo cual “salva” a los demás de su propia agresividad, sentida como altamente destructiva. Esto se hace más acentuado cuando dichos “demás” son justamente personas queridas. Lo que se puede decir también de otro modo, en estos pacientes la ambivalencia normal en todo ser humano, se transforma en un conflicto imposible de resolver. Es ésta una de las razones por las cuales formar parte de un grupo en el cual se puede ver que los sentimientos y pensamientos que hasta el momento se consideraban “anormales” son compartidos con otros, produce en principio un respiro de alivio.
Para ilustrar parte de mis afirmaciones quizás sirva mencionar un mail que recibí de un joven brasileño con el que solemos comunicarnos. Junto con una pequeña consulta, me mandó imágenes y textos de la película “La pasión de Cristo”. Este acto (por qué eligió esta película, por qué me hizo este envío) sólo cobra sentido al pensar que fue una manera inconciente de que vea una especie de fotografía de él mismo, de su sufrimiento, de su dolor, del sentido del mismo, su sacrificio para salvar a su mundo, seguramente por razones anteriormente desarrolladas.
Podría extenderme más sobre el tema FIBROMIALGIA pero creo que con estos elementos queda marcado un camino de trabajo tanto para quienes la padecen como para los profesionales consultados por ellos.
Mi experiencia clínica sobre el tema me permite afirmar que es posible considerar a la FIBROMIALGIA como una enfermedad no incurable ni de origen desconocido, alentando a trabajar sobre ella para llevar el alivio necesario.
Mayo de 2004.