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Antes de comenzar a trasmitir mi propia experiencia, quisiera hacer referencia a otros trabajos que abordan “la enfermedad” desde una mirada integradora.
Comenzaré por un breve resumen de un artículo que publicó el diario “El Clarín” de la República Argentina, el 16 de febrero de 2003, bajo el título general “La llegada de la medicina psicosomática”, llamado: “Así en la mente como en el cuerpo”.
En Estados Unidos la MEDICINA PSICOSOMÁTICA podría convertirse en una subespecialidad que las obras sociales y las prepagas aún miran de reojo.
Se ha comprobado que los enfermos a menudo mejoran más rápido y gastan menos en salud cuando los tratamientos no se ocupan sólo del dolor físico sino también de los pensamientos y las emociones.
Los profesionales que informan sobre el tema son el Dr. David Sobel, médico que dirige la información a los pacientes de Kaiser Permanente, una compañía médica que cuenta con millones de afiliados en los E.E.U.U.
Este afirma que el 25 por ciento de las personas que van al médico tiene síntomas físicos muy probablemente provocados por su estado emocional.
La FIBROMIALGIA es nombrada entre otras enfermedades.
Marc Schoren, profesor adjunto en medicina en la Universidad de California, el Los Angeles, afirma que ahora podemos decir que casi todo se vuelve psicosomático.
El Dr. Sobel dice sorprenderse de que a la medicina le haya llevado tanto tiempo reconocer lo obvio, que hayamos sido tan inflexibles en reducir y separar la mente del cuerpo.
Existen barreras que impiden entender la medicina psicosomática y a menudo la confunden con enfermedades imaginarias.
A éste resumen del texto sólo falta agregar que el Dr. Marc Feldman no podía entender por qué los pacientes que él citaba, cancelaban su turno al llegar a la puerta de su consultorio en la clínica de la Duke University.
Feldman, médico psiquiatra, tardó un tiempo en darse cuenta de que la razón era que junto a su nombre, en la puerta de su consultorio decía “Medicina Psicosomática”, y que la gente estaba convencida de que se les iba a decir:”todo se debe a un problema psicológico”, para muchos sinónimo de “locura”.

En la Argentina, el Centro Weizsaecker de Consulta Médica, dirigido por el Dr. Luis Chiozza, psicoanalista, realiza investigaciones en trastornos psicosomáticos reconocidas en muchas partes del mundo.
Afortunadamente otras varias instituciones también se están ocupando del tema en cuestión.
En Francia, los trabajos del psicoanalista Dr. André Green, a quien considero uno de mis más valiosos maestros, plantean un aporte invalorable para la comprensión del lugar que “los afectos” y “el cuerpo” tiene dentro del pensamiento psicoanalítico.
Pienso en Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, como un MEDICO que trató de comprender y curar las enfermedades que aparecían como enigmas indescifrables para la medicina de su tiempo.
Las enfermedades que despertaron su inicial interés eran aquellas que afectaban EL CUERPO sin que se pudieran hasta entonces encontrar explicaciones válidas y efectivas, ni tratamientos que no fueran más que paliativos momentáneos.
Al leer su obra es admirable su permanente ida y vuelta de la práctica a la teoría, con la humildad de no solamente reconocer sus errores y fracasos, sino de apoyarse en ellos para corregir y ampliar el campo que iba descubriendo.
Desde este punto de vista y haciendo una apretadísima síntesis, el concepto de trastornos psicosomáticos sobrevuela el psicoanálisis freudiano permanentemente.
Su concepto de “series complementarias” reúne tanto lo constitucionalmente heredado, las predisposiciones de cada sujeto, como su historia infantil, única e irrepetible hasta llegar a los desencadenantes que funcionan como disparadores de lo que hubiera podido no aparecer nunca o expresarse de variadas maneras.
En cuanto al factor disposicional, se lo puede tomar como un “fatal destino” que nos ubica en el lugar de víctimas pasivas de lo que nos “tocó”, o como datos sobre los cuales podemos trabajar para imprimir cambios y ser protagonistas de nuestra propia vida.
Es frecuente que cuando se dice “enfermedad psicosomática” inmediatamente muchas personas piensen “de origen psíquico”, dejando a un lado lo “somático”, a pesar de que la misma palabra lo nombra.
Esta interpretación puede ser comprendida como desinformación en cualquier persona menos en los profesionales que tienen la responsabilidad frente a quienes acuden a ellos de conocer e intentar agotar los recursos de los que dispone la ciencia médica. En este sentido parece que muchos hubieran borrado más de un siglo de conocimientos que permiten ampliar el campo clínico.
Afortunadamente no siempre es así, tal que se puede trabajar en equipo, cada uno desde su especialidad, sin pelear territorios evitando el daño que sin duda esta actitud haría caer sobre el ya suficientemente sufriente consultante.
Para dar una idea de las dificultades con las que nos encontramos quienes trabajamos con trastornos psicosomáticos, expondré una estadística personal que puede resultar sorprendente, sobre todo si relacionamos el sufrimiento que padecen las personas afectadas por FIBROMIALGIA, la ansiedad con que esperan novedades sobre el tema, con las reacciones ante una propuesta diferente.
En el inicio de mi trabajo con esta enfermedad, de los llamados telefónicos requiriendo información sobre la misma, solamente un 40% aceptó concurrir a una entrevista personal gratuita para recibir detalladamente respuestas a todas las preguntas que necesitaran formular.
La proporción por sexo fue aproximadamente: un 70% de mujeres, de las cuales muchas eran familiares de enfermas de fibromialgia preocupadas por las mismas. Del 30% de hombres que llamaron, entrevisté a un 50% y, aunque todos se mostraron interesados, ninguno se dispuso al intento.
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